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TO SHAVE – OR – NOT TO SHAVE

Herodoto, cuenta Hawksley, escribía con desprecio sobre las prácticas de depilación y afeitado de barbas en Egipto y en la propia Grecia. La representación de dioses como Zeus o Heracles con prominente barbas incitó a hombres griegos a dejar crecer sus barbas, e incluso usar herramientas para rizarlas como en las obras de arte. Muchos personajes ilustres de la Grecia clásica fueron inmortalizados con largas barbas – casi siempre idealizadas y más lustrosas que en la realidad.

La relación con la barba en Roma fue más ambigua. La barba griega resultaba poco atractiva, y los romanos solían afeitarse, o llevar barbas bien recortadas y limpias. Pero en la Roma Imperial, la moda estaba dictada por los emperadores. El emperador sevillano Adriano, para disfrazar sus problemas de piel, dejó crecer su barba, lo que tuvo como resultado la vuelta de la barba a la moda general.

La barba hoy en día es símbolo de modernidad, una marca que define determinados movimientos sociales como el hipsters; es raro encontrar varones del mundo del arte (actores, escritores, artistas) que no hayan sucumbido a dejar crecer su barba. La barba como parte de este comportamiento de moda, puede tener algo común al uso clásico, igual que ocurría con la imagen de los dioses griegos o los emperadores romanos, el pueblo se fija en los referentes de prestigio a la hora de definir su estilo personal.

La barba también está asociada a la sabiduría. En la Grecia clásica se asociaba con sabiduría y madurez, pero algunos jóvenes llegaron a ridiculizar la visión de un hombre con mucha barba: ¨Si piensas que dejar crecer tu barba es adquirir sabiduría, una cabra con su fina barba es instantáneamente Platón¨, escribía Luciano de Samosata en el Siglo I.

La exposición quiere hacer un guiño a esta barba clásica con obras traen una mirada a la cultura clásica y a la vez a la estética contemporánea.

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[ssba]